El cielo de otoño: Andrómeda y las noches que vuelven
El otoño devuelve las noches largas sin el frío del invierno, y trae la galaxia de Andrómeda, lo más lejano que se ve a simple vista con facilidad, en lo alto del cielo. Es una época de transición: el Triángulo de verano se despide por el oeste, Pegaso y Andrómeda mandan en el cenit, y las Pléyades y Orión asoman por el este a última hora anunciando lo que viene.
Por Jaime Urbano Ruiz Señas. Publicado el 11 de septiembre de 2026.
Cómo es el cielo de otoño desde España
De septiembre a noviembre la noche astronómica gana casi una hora cada mes: en septiembre empieza sobre las diez y en noviembre, con el cambio de hora, poco después de las siete, y se llega a nueve o diez horas de oscuridad. Las temperaturas son cómodas hasta bien entrado noviembre, y la pega es la humedad: el rocío empapa el equipo y empaña las lentes más que en cualquier otra época, y un parasol antirrocío casero, de los de la guía de trucos de campo, se vuelve imprescindible.
El cielo de otoño tiene fama de pobre en estrellas brillantes, y es verdad: el Cuadrado de Pegaso es grande y vacío, y hay pocas referencias. A cambio, la Vía Láctea de otoño pasa por el cenit, de Cisne a Casiopea y Perseo, y está llena de cúmulos abiertos para prismáticos.
Lo que hay que ver, en orden
La galaxia de Andrómeda
M31 está a dos millones y medio de años luz, y su luz salió cuando en la Tierra no había humanos. Desde un cielo oscuro se ve a simple vista como una mancha alargada por encima del Cuadrado de Pegaso, y con prismáticos ocupa tres grados, seis Lunas llenas puestas en fila, con el núcleo brillante y los extremos desvaneciéndose. Con telescopio se ve menos entera y más de cerca: el núcleo, una banda de polvo si el cielo es bueno, y sus dos galaxias satélite, M32 pegada como una estrella borrosa y M110 más lejos y más tenue. Nadie ve los brazos de las fotos, y conviene saberlo antes.
El Doble Cúmulo de Perseo
Entre Casiopea y Perseo, a simple vista es un manchurrón de la Vía Láctea, y con prismáticos, dos cúmulos gemelos en el mismo campo, cada uno con decenas de estrellas y alguna roja suelta. Con telescopio a 30 o 40 aumentos caben los dos y es una de las vistas que más agradecen los recién llegados. No tiene número de Messier, y es de lo mejor que hay.
La galaxia del Triángulo
M33 está casi tan cerca como Andrómeda y es la trampa del otoño: es grande, de frente, y toda su luz está repartida en un disco tenue que cualquier resplandor apaga. Desde un cielo muy oscuro se ve con prismáticos como una mancha redonda y difusa, y hay quien la ve a simple vista, lo que la convierte en el objeto más lejano que puede ver un ojo humano. Desde un pueblo con farolas, no aparece ni con telescopio. Es un buen medidor del cielo, como M101 en primavera.
Los cúmulos de Pegaso y Acuario
M15, junto a Enif, la nariz del caballo, es un globular compacto y brillante, con un núcleo tan concentrado que con 150 mm parece una estrella gorda en el centro de una bola de polvo. M2, en Acuario, un poco más al sur, es parecido y algo más suelto. Los dos con prismáticos son bolas borrosas evidentes, y son los últimos globulares buenos antes de que llegue el invierno, que casi no tiene.
Los cúmulos de Casiopea y Perseo
M52, cerca de la última estrella de la W de Casiopea, es un cúmulo apretado y rico que con telescopio a 60 aumentos se llena de puntos. M34, entre Perseo y Andrómeda, es más grande y suelto y con prismáticos ya se resuelve. Y M39, en el Cisne, aún alto en septiembre, es un cúmulo grande y triangular que se ve a simple vista desde cielo oscuro y llena el campo de unos prismáticos.
La pequeña Dumbbell
M76, en Perseo, es la nebulosa planetaria más débil del catálogo de Messier y la entrada exigente de esta página: telescopio de 200 mm, cielo oscuro y 100 aumentos para ver una pesa pequeña y gris, con filtro mejor. Se pone aquí porque quien ya ha visto todo lo demás pregunta por ella.
Las Pléyades, que vuelven
A partir de octubre salen por el este sobre las diez y a medianoche están altas. Es el aviso de que el invierno viene detrás, con Orión pisándoles los talones a partir de las doce. La descripción entera está en el cielo de invierno.
Lo que además trae el otoño
Tres lluvias seguidas: las Oriónidas a finales de octubre, las Leónidas a mediados de noviembre y, ya en la frontera con el invierno, las Gemínidas. Y las oposiciones de Júpiter y Saturno, que en muchos años caen en otoño: el planificador dice si es el caso.
Las otras tres épocas
El cielo de invierno, El cielo de primavera, El cielo de verano. Y para cualquier noche concreta, el planificador: dice qué se ve desde tu sitio con tu equipo, con la Luna y las nubes de esa noche.
Los objetos y lo que se espera ver con cada equipo salen del catálogo propio de esta web, escrito para un cielo razonablemente oscuro. Las horas de la tabla las calcula el motor del sitio para tu ubicación. Con contaminación lumínica, todo lo de aquí sube un nivel de equipo, y las galaxias desaparecen antes que nada: la escala de Bortle explica por qué.